La realidad tiene infinitos matices. Tantos, que no podemos aspirar más que a una pequeña aproximación. Eso sí, cuanto mayor sea nuestro conocimiento de una situación, más cercana será esa aproximación a lo que la realidad de la situación es. Y, mientras no tengamos ese conocimiento, tendremos que jugar con simplificaciones. La cuestión es si nos conformamos con cualquier simplificación.
Esto es algo que conocemos quienes ejercemos la docencia, midiendo el alcance de las simplificaciones en función de las personas a las que tenemos que enseñar. Me explico, permitid que me mueva dentro del terreno de las ciencias.
La realidad física de las cosas es algo muy complejo y, sobre todo, muy difícil de explicar a quienes todavía no disponen de los conocimientos necesarios. Por ello, cuando estamos en los primeros cursos de la Secundaria, no explicamos la realidad tal y como es, sino que proponemos una representación simplificada que el alumnado pueda entender.
El fenómeno del color es ejemplo de ello: si queremos explicarlo a personas de doce años, que sí lo conocen y conviven con él desde los primeros meses de edad, pero no tienen los conocimientos necesarios, tendremos que simplificar. No hablaremos de ondas electromagnéticas. Diremos que la luz es como un ramillete de colores, y que un limón absorbe todos los colores menos el amarillo, que es el que se refleja y llega hasta nuestros ojos.

Hemos simplificado la realidad del color para que, quien no cuenta con los conocimientos necesarios, pueda entender cómo funciona el fenómeno de una manera que le resulte lógica. La simplificación omite ciertos aspectos de la realidad, sí, pero permite entenderla en ese momento. Más adelante, cuando vayamos incorporando más conocimientos, haremos una aproximación más cercana.
El problema surge cuando no esperamos a saber más y la simplificación se detiene ahí. En ese instante.
Por ejemplo, imaginad que vemos esta foto en un periódico:

Sin más conocimiento de la situación, podríamos pensar que la educación se ha degradado hasta tal punto que la hemos convertido en un parque de atracciones. Sin más. Y, en determinadas ocasiones, puede que sea así. Pero la cuestión es que esa foto, como cualquier situación real, tiene infinitos matices. Es cuestión de fijarse en ellos. Mirad sus manos.
Los móviles de hoy en día tienen incorporado un acelerómetro (es un dispositivo que me permite conocer la aceleración en cada momento) y, con los cambios de dirección que se experimentan en una montaña rusa, irá arrojando diferentes valores. ¿Podríamos utilizar esos datos para realizar un estudio experimental en una montaña rusa? La respuesta es sí. ¿Podría ese estudio formar parte del estudio de la dinámica? También. Por tanto, la actividad recreativa podría ser parte del aprendizaje de la física.
Con algo más de conocimiento de la posible situación, nuestra interpretación podría haber sido otra. Quizá, esa foto podría ser parte de una noticia como esta:

Por otro lado, en muchos centros vamos a encontrar kits de laboratorio preparados para realizar ese tipo de estudios, puede que no sea necesario hacerlo en una montaña rusa. Ahí es donde, si queremos tener una mejor aproximación, tendríamos que conocer el contexto, porque la educación no es solo física, química, matemáticas o historia, es algo más. Y ese algo más, a veces, cambia la forma en la que enseñamos.
Imaginemos que el centro está en un entorno de cierta complejidad. Multitud de nacionalidades, diversidad lingüística, situaciones familiares muy diferentes y pocas opciones de participar en actividades culturales en algunos casos. La realidad de muchos centros. En este caso, el centro desarrolla un plan de convivencia mediante el cual promueve el sentimiento de pertenencia, favorece la participación, propone experiencias compartidas más allá de las dinámicas habituales de clase, previene situaciones de exclusión, etc. Y, para ello, organiza anualmente Jornadas de Convivencia con actividades como la visita al parque de atracciones.
Y, ahora, con un mayor conocimiento de la situación, ¿qué simplificación de la realidad podemos aceptar? ¿La montaña rusa podría ser una actividad educativa o hemos convertido la educación en un parque de atracciones? ¿Estamos aprendiendo física en un contexto complejo o estamos dejando de aprender física para divertirnos?
La simplificación que podríamos haber aceptado si nos hubiésemos quedado solo con la foto empieza a perder sentido cuando tenemos algo más de conocimiento para interpretarla, y la aproximación que podemos hacer podría ser más cercana a lo que la realidad es.
Esto, naturalmente, no implica que demos por hecho que existe un andamiaje muy sofisticado detrás de cada foto. Implica que no podemos determinar si una actividad fue o no una buena actividad educativa en base a ella. Necesitamos saber más. No podemos conformarnos con menos.
